El estado de conservación del recinto genera preocupación: las paredes presentan daños y amenazan con colapsar, las estructuras de madera muestran deterioro por el paso del tiempo y los antiguos engranajes, poleas y mecanismos que formaban parte de su sistema productivo permanecen olvidados y afectados por el óxido. Estos elementos constituyen testimonios de una época en la que la hacienda desempeñó un papel importante en la actividad agrícola de la zona, por lo que su pérdida significaría también la desaparición de valiosa información sobre el pasado productivo de la región.
Según la información histórica consignada en el panel informativo del lugar, la construcción de la hacienda se inició aproximadamente en 1620. El recinto llegó a funcionar como un importante centro de producción agrícola, con espacios destinados a la molienda, el procesamiento de caña de azúcar y la elaboración de aguardiente y chancaca. También contaba con instalaciones como horno, herrería, carpintería, almacenes, dormitorios y una capilla, reflejo de la compleja organización de esta antigua unidad productiva. Su infraestructura y los vestigios de su maquinaria podrían convertirla en un espacio de gran interés para el turismo histórico y cultural.
La Hacienda de Yaca representa una oportunidad que no debería seguir perdiéndose por la indiferencia y la falta de conservación. Su recuperación podría convertirla en un atractivo turístico de gran relevancia, incluso con potencial para complementar otros destinos históricos de Apurímac, como la Hacienda de Illanya. Por ello, urge que las autoridades competentes evalúen su estado, promuevan acciones de protección y gestionen un proyecto de restauración y puesta en valor antes de que el deterioro sea irreversible. Si no se actúa a tiempo, este importante testimonio del pasado podría terminar reducido a escombros.